Gertrude Stein: Botones tiernos (1914)

Durante años, el número 27 de la Rue de Fleurus en París fue uno de los puntos de reunión de las vanguardias artísticas. Esta era la casa de Leo y Gertrude Stein, dos hermanos y expatriados estadounidenses que se dedicaban a coleccionar arte contemporáneo. Las paredes de esta casa fueron las primeras en las que decenas de pinturas y bocetos de Picasso, Matisse, Daumier, Valloton, Mauguin y muchos otros encontraron admiradores. En su salón y sus pasillos también se reunieron los protagonistas de los años dorados de París, desde Hemingway hasta Joyce, los y las imagistas, Yeats y Mildred Aldrich, así como amistades, cónyuges y amantes.

Stein les brindó amistad, refugio, apoyo e incluso alimento a todos estos artistas. En cierto sentido, ella es la madre del Modernismo. Sin su consejo y la confianza que depositó en ellos, quizás muchos habrían sido un accidente en la historia del arte o habrían disfrutado el éxito mucho más tarde en sus carreras, o nunca.

Stein fue una de las primeras escritoras de su época que prestó tanta atención a las posibilidades y limitaciones del lenguaje escrito. A lo largo de su obra, se pueden apreciar muchas de las características que definieron al arte de los primeros cincuenta años del siglo XX. Su primer “poemario”, llamado Tender Buttons (1914) explora las posibilidades de la imagen en sus usos referencial y asociativo. En 1946, en una entrevista Stein comentó que solía poner objetos sobre una mesa y observarlos hasta hacerse una imagen clara en su mente, y luego creaba una asociación entre la palabra y la cosa que veía. Esta es la clave para aproximarse a esta obra en particular, que, de otra manera, parece lejana, abstracta y casi ilegible.

Se ha dicho que Tender Buttons es una obra de tipo cubista, dadá, escritura automática, un sinsentido. Lo que está de fondo en los escritos de Stein es una enorme curiosidad por encontrar las trampas del lenguaje y su capacidad y plasticidad en relación con la psicología. Sus mecanismos favoritos son la repetición y la aliteración, por lo que, en cierto sentido, Stein es mejor escuchada que leída.

Esta también es una obra transgresora. La tradición literaria occidental había evitado que lo doméstico (no lo cotidiano) fuera su tema central. Sin contar la descripción de escenas, pocas veces se había escrito de las labores del hogar, de los objetos, de la comida y de las habitaciones y mucho menos habían sido el objeto de la escritura. Stein se aleja del siglo XIX al volver a poner los pies en la tierra y abrir el camino para la intimidad más allá (o más acá) de los afectos que producían los “grandes temas” de la literatura.

Sin embargo, sus escritura no es simple sino, en muchos sentidos, incómoda. Stein destaca tanto por su preferencia por las estructuras sintácticas largas y complejas, como por su elección de temas que no eran bien recibidos, como lo doméstico, lo femenino, los afectos y la crítica a la tradición patriarcal. Esto ocasionó que se perdiera durante décadas y, a la vez, la revivió después de 1970, cuando un grupo de poetas utilizaron sus ideas como estandarte para la renovación de la tradición poética estadounidense.

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