James Joyce: Ulises (1922)

James Joyce en 1939 para la portada de Time Magazine. Fotografía tomada por Gisèle Freund (original a color).

En enero de 1918, la editora de The Little Review, Margaret Anderson, anunció que a partir del siguiente número la revista publicaría de manera seriada la nueva novela de James Joyce, un escritor que, hasta entonces, se encontraba más o menos perdido entre una marea de artistas expatriados. Sólo un crítico con reputación internacional había leído esa novela y su veredicto fue que “vale la pena dirigir una revista si uno puede conseguir cosas como esto para publicarlo”. Anderson, por su parte, sugirió: “Este anuncio significa que estamos por publicar una obra maestra de la prosa”.

Ulises va a cumplir cien años de vida y se mantiene como uno de los textos indispensables de la literatura universal. La librería Shakespeare & Company de Sylvia Beach decidió publicar la novela en su totalidad el 2 de febrero de 1922, a poco más de un año de que la censura truncara la serialización de la novela en The Little Review. Hoy, como en aquellos años, Ulises continúa siendo objeto de polémica, estudio y asombro.

Sylvia Beach, Adrienne Monnier y James Joyce en Shakespeare and Co., 1938. Fotografía tomada por Gisèle Freund.

Mucho se ha discutido sobre todos los aspectos de esta novela: su trama, su estilo, sus técnicas, sus referencias y su complejo entramado textual; incluso el propio Joyce colaboró con algunas de las primeras piezas académicas en torno a Ulises. Parte de la crítica se ha empeñado en definir puntualmente los paralelos homéricos en de cada episodio. El personaje principal, Leopold Bloom es la propuesta de Joyce del hombre completo: esposo, padre, profesionista; “hombre de muchos senderos”, como el propio Odiseo. Puede que el personaje esté inspirado en algunos conocidos y amigos del propio escritor, pero al fin y al cabo, Bloom es una persona en sí.

Dibujo de Leopold Bloom hecho en 1926 por James Joyce en el estudio del pintor Myron Nutting. Sobre el dibujo se lee el texto griego de la primera línea de la Odisea: “Cuéntame, Musa, la historia del hombre de muchos senderos”. Imagen tomada de la Charles Deering McCormick Library of Special Collections de la Northwestern University.

El episodio V encuentra a Bloom fuera de su casa en el número 7 de Eccles street, Dublín, dispuesto a matar algo de tiempo mientras llega la hora de asistir a un funeral. La atmósfera general es de relajación: una mañana cálida de verano en Dublín, Bloom da un paseo después del desayuno. Vale mencionar la correspondencia homérica: en el canto IX de la Odisea se relatan los sucesos que vivió la tripulación en una isla habitada por comedores de loto. Joyce hace desfilar por la narración múltiples alusiones a Oriente, a las drogas y a la medicina. Los lotófagos están por todas partes: un niño que fuma echado en el suelo, unos caballos masticando su alimento, los comulgantes de una misa y un conocido de Bloom que va a echar dinero en las apuestas.

A estas alturas de la novela, el relato todavía mantiene cierta claridad, sin embargo ya se asoma la gimnasia técnica que Joyce despliega a lo largo de su libro. Hay pasajes considerables donde da rienda suelta al flujo de consciencia y explora así la mente de Bloom, el héroe cómico de Ulises. El resultado es una especie de ritual del vagabundeo que culmina con la exaltación (aunque no del todo noble) del cuerpo propio y del yo.

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