William Carlos Williams: Paterson (1946)

Williams en la azotea del Hospital Central de Passaic, 1936. (Imagen tomada del archivo Williams Carlos Williams Papers en las colecciones digitalizadas de la Biblioteca Beinecke de la Universidad de Yale).

Al llegar la mitad del siglo XX, los movimientos de vanguardia en el mundo occidental habían envejecido, al igual que sus protagonistas. Este es uno de los últimos momentos en la literatura moderna en que se persigue el poema largo, una especie de descendiente de la épica. Para la tradición anglosajona, la línea viene desde Whitman y desemboca en la obras de Ezra Pound (Los cantares), Hart Crane (El puente), T. S. Eliot (Tierra baldía), William Carlos Williams (Paterson), Basil Bunting (Briggflatts) y Allen Ginsberg (Aullido), por mencionar algunos. A lo largo del mundo, también hubo cierta resonancia, por ejemplo, de Huidobro a Gorostiza en la tradición hispana.

Paterson es una ciudad, un hombre y una idea en la vida de Williams. “Un hombre—como una ciudad”, una entidad orgánica, una representación de la vida encarnada en todos los aspectos de la existencia de la ciudad. Es la forma que Williams encontró para presentar el movimiento cotidiano y el flujo de la historia sin tapujos, desde una perspectiva con gran influencia de su práctica médica y a través un lenguaje casi democrático: “una respuesta al latín y al griego a mano limpia”.

El plan original de Williams era hacer un poema en cuatro partes, aunque resultó en la publicación de cinco libros y la inclusión póstuma de breves notas para un sexto libro. De manera similar al proyecto de Los cantares, Paterson atraviesa décadas de la vida del escritor y registra cada giro, cada cambio que tuvo que hacer para librar los obstáculos (a veces ineludibles, debe decirse) que el enorme proyecto le presentaba.

Williams puso en práctica una mezcla que ya había hecho en La primavera y todo (1923): prosa de tipos documental, anecdótica y a veces teórica intercalada con estrofas en las que intentaba representar el “idioma americano” mediante su “pie variable”, una medida poética que nunca dejó clara pero, según él, era la que hacía justicia a su lengua materna. Así, por lo general, pareciera que la escritura de Williams está totalmente puesta en la tierra: “Dilo: no hay ideas sino en las cosas”.

Fotograma de la película Paterson (2016).

El poema también inspiró la pieza audiovisual The Paterson Project y una película de Jim Jarmusch que contiene algunos poemas de Williams y otros más de Ron Padgett y el propio Jarmusch.

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